Hay toreros de los llamados de "pellizco", de ellos también se dice que tienen "duende", pero ¿De qué estamos hablando cuando los definimos así? Fernando Savater nos adentra en este concepto.
Por Fernando Savater
Me lo contaron hace años unos amigos italianos, que estuvieron de visita en San Sebastián. Tras una jornada de playa y variedad de gratos paseos, cenaron
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| Fernando Savater |
suculentamente en un asador de la parte vieja donostiarra. Muy satisfechos, con el dulce arrobo de la buena comida bien regada y algunas copas más como remate, salieron a la tibia hermandad de la noche, entre calles estrechas y acogedoras. Se sentían no propiamente en la gloria, sino bastante cerca de ella. Entonces, llegó la mismísima gloria. De repente, sobrecogedoramente, comenzaron a oír un coro que se les antojó celestial: entonaba nada menos que el "Va pensiero" de la opera "Nabucco", el clamor de los prisioneros por la libertad perdida y la nostalgia de la patria. ¡Allí, en las callejas remotas de la pequeña capital vasca! Eran voces maravillosas, arrebatadoras, mágicas, nada que ver con el berrear de los borrachos a altas horas de la madrugada.
Mis amigos, más italianos entonces que nunca, se creyeron poseídos por algún embrujo digno de Ariosto, Y sintieron que todo era posible, que el infinito siempre está cerca, cercándonos…