Por: Fernando Farfán
11 de junio de 2017. Plaza de Toros de Madrid. Vigésimo segunda y última corrida de feria. No pudo tener un peor final la Feria de San Isidro 2017. Ciento setenta y cinco años de historia no se merecían el lamentable espectáculo que
protagonizó el hierro más emblemático de la cabaña brava española. Fueron seis los astados de Miura de escasa presencia, faltos de fuerza y de un descastamiento desesperante los reseñados para la ocasión. Dos fueron devueltos por su marcada invalidez y todos estuvieron lejos de ser los toros broncos, indómitos e imponentes que su sólo nombre sugiere. Si los hermanos Miura no tenían un encierro aparente para Madrid sencillamente no debieron ir.

Una actuación muy digna tuvo Rafael Rubio "Rafaelillo". Su primero fue un toro dócil y manejable. Embistió con la cara a media altura y sin transmisión. Correcto Rafaelillo corriendo la mano y templando. Su segundo sin las hechuras propias de la casa salió brioso. Emocionó "Rafaelillo" en el recibo con un farol de rodillas. El toro fue de malo a peor. Soseó en la muleta donde pasa a regañadientes. Se orientó luego y le pega un golpetazo al torero. "Rafaelillo" en todo momento buscó justificarse con un toro imposible y Madrid se lo reconoció.
Rubén Pinar con toda la ilusión y la esperanza de un torero que quiere verse en más ferias mataba su primera corrida de Miura, pero todo quedó en eso. Pinar se estrelló con lo peor de lo peor. No tuvo opciones con los dos mansos que sorteó. Con peligro el tercero y agarrado al piso el sexto.
Foto: Plaza de Toros de Madrid
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